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Gustavo Adolfo Bécquer, alma, en español Quitar filtros

TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LVI

Hoy como ayer, mañana como hoy, Y siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno, Y andar... andar! Moviéndose á compás, como una estúpida Máquina, el corazón: La torpe inteligencia del cerebro, Dormida en un rincón. El alma, que ambiciona un paraíso, Buscándole sin fe; Fatiga sin objeto, ola que rueda Ignorando por qué! Voz que incesante con el mismo tono Canta el mismo cantar; Gota de agua monótona que cae, Y cae sin cesar!
RománticoGustavo Adolfo Bécquer

Rima XXXVII

Antes que tú me moriré: escondido En las entrañas ya El hierro llevo con que abrió tu mano La ancha herida mortal! Antes que tú me moriré: y mi espíritu En su empeño tenaz, Sentándose á las puertas de la muerte, Allí te esperará. Con las horas los días, con los días Los años volarán, Y á aquella puerta llamarás al cabo... ¿Quién deja de llamar? Entonces, que tu culpa y tus despojos La tierra guardará, Lavándote en las ondas de la muerte Como en otro Jordán;
RománticoGustavo Adolfo Bécquer

Rima XX

Sabe, si alguna vez tus labios rojos Quema invisible atmósfera abrasada, Que el alma que hablar puede con los ojos, También puede besar con la mirada.
ContemplativoGustavo Adolfo Bécquer

Rima XLVII

Yo me he asomado á las profundas simas De la tierra y del cielo, Y les he visto el fin ó con los ojos, O con el pensamiento. Mas ¡ay! de un corazón llegué al abismo, Y me incliné por verlo, Y mi alma y mis ojos se turbaron: ¡Tan hondo era y tan negro!
ContemplativoGustavo Adolfo Bécquer

Rima VII

Del salón en el ángulo oscuro, De su dueño tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo Veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarla! ¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma, Y una voz, como Lázaro, espera Que le diga: «¡Levántate y anda!»
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXVIII

No sé lo que he soñado En la noche pasada; Triste, muy triste debió ser el sueño, Pues despierto la angustia me duraba. Noté, al incorporarme, Húmeda la almohada, Y por primera vez sentí, al notarlo, De un amargo placer henchirse el alma. Triste cosa es el sueño Que llanto nos arranca; Mas tengo en mi tristeza una alegría... ¡Sé que aún me quedan lágrimas!
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXVI

¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero De los senderos busca; Las huellas de unos pies ensangrentados Sobre la roca dura; Los despojos de un alma hecha jirones En las zarzas agudas; Te dirán el camino que conduce á mi cuna. ¿Adónde voy? El más sombrío y triste De los páramos cruza; Valle de eternas nieves y de eternas Melancólicas brumas. En donde esté una piedra solitaria Sin inscripción alguna, Donde habite el olvido, Allí estará mi tumba.
InspiradorGustavo Adolfo Bécquer

Rima IV

No digais que agotado su tesoro, De asuntos falta, enmudeció la lira: Podrá no haber poetas; pero siempre Habrá poesía. Mientras las ondas de la luz al beso Palpiten encendidas; Mientras el sol las desgarradas nubes De fuego y oro vista; Mientras el aire en su regazo lleve Perfumes y armonías; Mientras haya en el mundo primavera, ¡Habrá poesía! Mientras la ciencia á descubrir no alcance Las fuentes de la vida, Y en el mar ó en el cielo haya un abismo Que al cálculo resista;
SoñadorGustavo Adolfo Bécquer

Rima I

Yo sé un himno gigante y extraño Que anuncia en la noche del alma una aurora, Y estas páginas son de ese himno Cadencias que el aire dilata en las sombras. Yo quisiera escribirle, del hombre Domando el rebelde, mezquino idioma, Con palabras que fuesen á un tiempo Suspiros y risas, colores y notas. Pero en vano es luchar; que no hay cifra Capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh hermosa! Si, teniendo en mis manos las tuyas, Pudiera, al oirlo, cantártelo á solas.