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Triste, Gustavo Adolfo Bécquer, en español Quitar filtros

TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima XLVI

Me ha herido recatándose en las sombras, Sellando con un beso su traición. Los brazos me echó al cuello, y por la espalda Partióme á sangre fría el corazón. Y ella prosigue alegre su camino, Feliz, risueña, impávida; ¿y por qué? Porque no brota sangre de la herida... ¡Porque el muerto está en pie!
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LVI

Hoy como ayer, mañana como hoy, Y siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno, Y andar... andar! Moviéndose á compás, como una estúpida Máquina, el corazón: La torpe inteligencia del cerebro, Dormida en un rincón. El alma, que ambiciona un paraíso, Buscándole sin fe; Fatiga sin objeto, ola que rueda Ignorando por qué! Voz que incesante con el mismo tono Canta el mismo cantar; Gota de agua monótona que cae, Y cae sin cesar!
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima XXX

Asomaba á sus ojos una lágrima y á mi labio una frase de perdón; Habló el orgullo y se enjugó su llanto, Y la frase en mis labios espiró. Yo voy por un camino, ella por otro; Pero al pensar en nuestro mutuo amor, Yo digo aún: ¿por qué callé aquel día? Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima XLIII

Dejé la luz á un lado, y en el borde De la revuelta cama me senté, Mudo, sombrío, la pupila inmóvil Clavada en la pared. ¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme La embriaguez horrible del dolor, Espiraba la luz, y en mis balcones Reía el sol. Ni sé tampoco en tan terribles horas En qué pensaba ó qué pasó por mí; Sólo recuerdo que lloré y maldije, Y que en aquella noche envejecí.
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXXI

No dormía; vagaba en ese limbo En que cambian de forma los objetos, Misteriosos espacios que separan La vigilia del sueño. Las ideas, que en ronda silenciosa Daban vueltas en torno á mi cerebro, Poco á poco en su danza se movían Con un compás más lento. De la luz que entra al alma por los ojos Los párpados velaban al reflejo, Mas otra luz el mundo de visiones Alumbraba por dentro. En este punto resonó en mi oído Un rumor semejante al que en el templo Vaga confuso, al terminar los fieles Con un Amén sus rezos.
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXVIII

No sé lo que he soñado En la noche pasada; Triste, muy triste debió ser el sueño, Pues despierto la angustia me duraba. Noté, al incorporarme, Húmeda la almohada, Y por primera vez sentí, al notarlo, De un amargo placer henchirse el alma. Triste cosa es el sueño Que llanto nos arranca; Mas tengo en mi tristeza una alegría... ¡Sé que aún me quedan lágrimas!
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXVI

¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero De los senderos busca; Las huellas de unos pies ensangrentados Sobre la roca dura; Los despojos de un alma hecha jirones En las zarzas agudas; Te dirán el camino que conduce á mi cuna. ¿Adónde voy? El más sombrío y triste De los páramos cruza; Valle de eternas nieves y de eternas Melancólicas brumas. En donde esté una piedra solitaria Sin inscripción alguna, Donde habite el olvido, Allí estará mi tumba.
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LX

Mi vida es un erial; Flor que toco se deshoja; Que en mi camino fatal, Alguien va sembrando el mal Para que yo lo recoja.
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LIII

Volverán las oscuras golondrinas En tu balcón sus nidos á colgar, Y, otra vez, con el ala á sus cristales Jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban Tu hermosura y mi dicha á contemplar, Aquellas que aprendieron nuestros nombres... Esas... ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas De tu jardín las tapias á escalar, Y otra vez á la tarde, aun más hermosas, Sus flores se abrirán; Pero aquéllas, cuajadas de rocío, Cuyas gotas mirábamos temblar Y caer, como lágrimas del día... Esas... ¡no volverán!