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Rubén Darío, jardín, en español Quitar filtros

SoñadorRubén Darío

Venus

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín. En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía, como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín. A mi alma enamorada, una reina oriental parecía, que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín, o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría, triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín. «¡Oh, reina rubia!—díjele,—mi alma quiere dejar su crisálida y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar; y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida, y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar.» El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
SoñadorRubén Darío

Sonatina

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, Que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, Está mudo el teclado de su clave sonoro; Y en un vaso olvidada se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchína, la dueña dice cosas banales, Y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; La princesa persigue por el cielo de Oriente La libélula vaga de una vaga ilusión. ¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, O en el que ha detenido su carroza argentina Para ver de sus ojos la dulzura de luz, O en el rey de las Islas de las rosas fragantes,