En un parque invernal, al mediodía, la mirada se detiene en elementos sencillos: sendas blancas, montículos simétricos, ramas esqueléticas, naranjos en maceta y una palmera en un tonel pintado de verde. La escena parece casi pictórica, sin argumento: solo el presente detenido. La geometría del parque y las ramas desnudas sugieren frialdad, pero la luz y el juego infantil la suavizan. Un anciano, como si le hablara a su capa vieja, exclama: «¡El sol, esta hermosura de sol!». Ese sol de invierno calienta sin borrar el aire frío, y por eso se siente como un regalo. Los niños juegan, y el agua de la fuente resbala, corre y sueña al lamer la piedra verdinosa. El ambiente resultante es sereno, algo melancólico pero luminoso: hay vejez, reposo y vida a la vez. Predomina una emoción contenida, hecha de atención y de gratitud ante lo pequeño.
Sol de invierno — Resumen
Es mediodía. Un parque. Invierno. Blancas sendas; simétricos montículos y ramas esqueléticas. Bajo el invernadero, naranjos en maceta, y en un tonel pintado de verde, la palmera. Un viejecillo dice, para su capa vieja: «¡El sol, esta hermosura de sol!...» Los niños juegan. El agua de la fuente resbala, corre y sueña lamiendo, casi muda, la verdinosa piedra.