Yo voy soñando caminos — Resumen

Yo voy soñando caminos de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas!... ¿Adónde el camino irá? Yo voy cantando, viajero a lo largo del sendero...


La tarde cayendo está-. "En el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día: ya no siento el corazón". Y todo el campo un momento se queda, mudo y sombrío, meditando. Suena el viento en los álamos del río. La tarde más se oscurece; y el camino que serpea y débilmente blanquea se enturbia y desaparece. Mi cantar vuelve a plañir: "Aguda espina dorada, quién te pudiera sentir en el corazón clavada".

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El hablante recorre un sendero al atardecer, entre colinas doradas, pinos verdes y encinas polvorientas, mientras canta y se pregunta adónde lo llevará el camino. De pronto confiesa que tuvo clavada en el corazón la espina de una pasión y que logró arrancarla; ahora dice que ya no siente el corazón. Ese vacío afectivo tiñe el paisaje: el campo queda mudo y sombrío, el viento suena en los álamos del río y la tarde se oscurece hasta que el camino que serpea se enturbia y desaparece.

Surge así una atmósfera melancólica de camino y crepúsculo. Al final, el cantar se vuelve lamento: el hablante desearía volver a sentir aquella espina dorada clavada, aunque doliera, porque el dolor de la pasión era preferible a la insensibilidad. Expresa, en el fondo, nostalgia de una herida amorosa que al menos lo hacía sentirse vivo.

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