Una voz enamorada se dirige a la persona amada con una mezcla de adoración, deseo y vértigo. El encuentro parece secreto: nadie comprendía el perfume de ese cuerpo, nadie sabía del colibrí de amor martirizado entre los dientes. Las imágenes son nocturnas y sensuales: caballitos persas dormidos en la frente, una cintura enlazada durante cuatro noches, mirada entre yeso y jazmines. El hablante busca entregar unas letras de marfil que repiten “siempre”, pero ese deseo choca con lo fugitivo. El cuerpo amado se escapa y, a la vez, queda inscrito en la sangre y en la boca. La voz no solo celebra el amor imprevisto; también lo vive como agonía, un jardín hermoso y doloroso. El tono es íntimo, intenso y algo ceremonial, como una letanía nocturna.
Gacela del amor imprevisto — Resumen
Nadie comprendía el perfume de la oscura magnolia de tu vientre. Nadie sabía que martirizabas un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían en la plaza con luna de tu frente, mientras que yo enlazaba cuatro noches tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada era un pálido ramo de simientes. Yo busqué, para darte, por mi pecho las letras de marfil que dicen siempre,
siempre, siempre: jardín de mi agonía, tu cuerpo fugitivo para siempre, la sangre de tus venas en mi boca, tu boca ya sin luz para mi muerte.