Most read ▸
Alfonsina Storni
Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada
Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.
Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata,
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo;
de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo, por mejor partido, escojo;
de quien no quiero, ser violento empleo;
que, de quien no me quiere, vil despojo.
Cuando en la noche te envuelven
Las alas de tul del sueño,
Y tus tendidas pestañas
Semejan arcos de ébano,
Por escuchar los latidos
De tu corazón inquieto,
Y reclinar tu dormida
Cabeza sobre mi pecho,
Diera, alma mía,
Cuanto poseo:
La luz, el aire
Y el pensamiento!
Cuando se clavan tus ojos
En un invisible objeto,
Y tus labios ilumina
De una sonrisa el reflejo;
Yo soy ardiente, yo soy morena,
Yo soy el símbolo de la pasión;
De ansia de goces mi alma está llena.
— ¿A mí me buscas? — No es á tí; no.
—Mi frente es pálida; mis trenzas de oro:
Puedo brindarte dichas sin fin;
Yo de ternura guardo un tesoro.
—¿A mí me llamas?—No; no es á tí.
—Yo soy un sueño, un imposible,
Vano fantasma de niebla y luz;
Soy incorpórea, soy intangible;
No puedo amarte.—¡Oh, ven; ven tú!
En la mañana verde,
quería ser corazón.
Corazón.
Y en la tarde madura
quería ser ruiseñor.
Ruiseñor.
(Alma,
ponte color de naranja.
Alma,
ponte color de amor.)
En la mañana viva,
yo quería ser yo.
Corazón.
Y en la tarde caída
quería ser mi voz.
Ruiseñor.
Para decirte, amor, que te deseo,
Sin los rubores falsos, del instinto,
Estuve atada como Prometeo,
Pero una tarde me salí del cinto.
Son veinte siglos que movió mi mano
Para poder decirte sin rubores:
"Que la luz edifique mis amores".
Son veinte siglos los que alzó mi mano!
Pasan las flechas sobre mis cabellos,
Pasan las flechas, aguzados dardos...
Son veinte siglos de terribles fardos!
Sentí su peso al libertarme de ellos.
Y no creas que tenga el brazo fuerte,
Mi brazo tiembla debilucho y magro,
Pero he llegado entera hasta el milagro:
Estoy acompañada por la muerte.
Sábado fué y capricho el beso dado,
Capricho de varón, audaz y fino,
Mas fué dulce el capricho masculino
A este mi corazón, lobezno alado.
No es que crea, no creo, si inclinado
Sobre mis manos te sentí divino
Y me embriagué, comprendo que este vino
No es para mí, mas juego y rueda el dado...
Yo soy ya la mujer que vive alerta,
Tú el tremendo varón que se despierta
Y es un torrente que se ensancha en río
Y más se encrespa mientras corre y poda.
Ah, me resisto, mas me tienes toda,
Tú, que nunca serás del todo mío.