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Gustavo Adolfo Bécquer
Asomaba á sus ojos una lágrima
y á mi labio una frase de perdón;
Habló el orgullo y se enjugó su llanto,
Y la frase en mis labios espiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
Pero al pensar en nuestro mutuo amor,
Yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?
No sé lo que he soñado
En la noche pasada;
Triste, muy triste debió ser el sueño,
Pues despierto la angustia me duraba.
Noté, al incorporarme,
Húmeda la almohada,
Y por primera vez sentí, al notarlo,
De un amargo placer henchirse el alma.
Triste cosa es el sueño
Que llanto nos arranca;
Mas tengo en mi tristeza una alegría...
¡Sé que aún me quedan lágrimas!
Tú me dijiste: no lloró mi padre;
Tú me dijiste: no lloró mi abuelo;
No han llorado los hombres de mi raza,
Eran de acero.
Así diciendo te brotó una lágrima
Y me cayó en la boca... más veneno
Yo no he bebido nunca en otro vaso
Así pequeño.
Débil mujer, pobre mujer que entiende,
Dolor de siglos conocí al beberlo:
Oh, el alma mía soportar no puede
Todo su peso.