Poems on the topic: tristeza

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SadGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXVIII

No sé lo que he soñado En la noche pasada; Triste, muy triste debió ser el sueño, Pues despierto la angustia me duraba. Noté, al incorporarme, Húmeda la almohada, Y por primera vez sentí, al notarlo, De un amargo placer henchirse el alma. Triste cosa es el sueño Que llanto nos arranca; Mas tengo en mi tristeza una alegría... ¡Sé que aún me quedan lágrimas!
RomanticFederico García Lorca

Es verdad

¡Ay, qué trabajo me cuesta quererte como te quiero! Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero. ¿Quién me compraría a mí, este cintillo que tengo y esta tristeza de hilo blanco, para hacer pañuelos? ¡Ay, qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!
SadCésar Vallejo

Setiembre

Aquella noche de Setiembre, fuiste tan buena para mí.... hasta dolerme! Yo no sé lo demás; y para eso, no debiste ser buena, no debiste. Aquella noche sollozaste al verme hermético y tirano, enfermo y triste. Yo no sé lo demás.... y para eso, yo no sé porqué fuí triste.... tan triste....! Sólo esa noche de Setiembre dulce, tuve a tus ojos de Magdala, toda la distancia de Dios.... y te fuí dulce! Y también fué una tarde de Setiembre cuando sembré en tus brasas, desde un auto, los charcos de esta noche de Diciembre.
SadCésar Vallejo

Idilio muerto

Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí; ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita la sangre, como flojo cognac, dentro de mí. Dónde estarán sus manos que en actitud contrita planchaban en las tardes blancuras por venir; ahora, en esta lluvia que me quita las ganas de vivir. Qué será de su falda de franela; de sus afanes; de su andar; de su sabor a cañas de mayo del lugar. Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje, y al fin dirá temblando: «Qué frío hay... Jesús!» y llorará en las tejas un pájaro salvaje.
SadAlfonsina Storni

Dulce tortura

Polvo de oro en tus manos fué mi melancolía; Sobre tus manos largas desparramé mi vida; Mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas; Ahora soy un ánfora de perfumes vacía. Cuánta dulce tortura quietamente sufrida, Cuando, picada el alma de tristeza sombría, Sabedora de engaños, me pasaba los días Besando las dos manos que me ajaban la vida!

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