Alfonsina Storni
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Poems
Tú me quieres blanca
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Dulce tortura
Polvo de oro en tus manos fué mi melancolía; Sobre tus manos largas desparramé mi vida; Mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas; Ahora soy un ánfora de perfumes vacía.
Cuánta dulce tortura quietamente sufrida, Cuando, picada el alma de tristeza sombría, Sabedora de engaños, me pasaba los días Besando las dos manos que me ajaban la vida!
Hombre pequeñito
Hombre pequeñito, hombre pequeñito, Suelta a tu canario que quiere volar... Yo soy el canario, hombre pequeñito Déjame saltar.
Estuve en tu jaula, hombre pequeñito, Hombre pequeñito que jaula me dás. Digo pequeñito porque no me entiendes, Ni me entenderás.
Tampoco te entiendo, pero mientras tanto Abreme la jaula que quiero escapar; Hombre pequeñito, te amé media hora, No me pidas más.
Peso ancestral
Tú me dijiste: no lloró mi padre; Tú me dijiste: no lloró mi abuelo; No han llorado los hombres de mi raza, Eran de acero.
Así diciendo te brotó una lágrima Y me cayó en la boca... más veneno Yo no he bebido nunca en otro vaso Así pequeño.
Débil mujer, pobre mujer que entiende, Dolor de siglos conocí al beberlo: Oh, el alma mía soportar no puede Todo su peso.
Sábado
Levanté temprano y anduve descalza Por los corredores; bajé a los jardines Y besé las plantas; Absorbí los vahos limpios de la tierra, Tirada en la grama; Me bañé en la fuente que verdes achiras Circundan. Más tarde, mojados de agua Peiné mis cabellos. Perfumé las manos Con zumo oloroso de diamelas. Garzas Quisquillosas, finas, De mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve Que la misma gasa. De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo Mi sillón de paja. Fijos en la verja mis ojos quedaron, Fijos en la verja. El reloj me dijo: diez de la mañana. Adentro un sonido de loza y cristales; Comedor en sombras; manos que aprestaban Manteles. Afuera, sol como no he visto Sobre el mármol blanco de la escalinata. Fijos en la verja siguieron mis ojos. Fijos. Te esperaba.
Tú que nunca serás
Sábado fué y capricho el beso dado, Capricho de varón, audaz y fino, Mas fué dulce el capricho masculino A este mi corazón, lobezno alado.
No es que crea, no creo, si inclinado Sobre mis manos te sentí divino Y me embriagué, comprendo que este vino No es para mí, mas juego y rueda el dado...
Yo soy ya la mujer que vive alerta, Tú el tremendo varón que se despierta Y es un torrente que se ensancha en río
Y más se encrespa mientras corre y poda. Ah, me resisto, mas me tienes toda, Tú, que nunca serás del todo mío.
Veinte siglos
Para decirte, amor, que te deseo, Sin los rubores falsos, del instinto, Estuve atada como Prometeo, Pero una tarde me salí del cinto.
Son veinte siglos que movió mi mano Para poder decirte sin rubores: "Que la luz edifique mis amores". Son veinte siglos los que alzó mi mano!
Pasan las flechas sobre mis cabellos, Pasan las flechas, aguzados dardos... Son veinte siglos de terribles fardos! Sentí su peso al libertarme de ellos.
Y no creas que tenga el brazo fuerte, Mi brazo tiembla debilucho y magro, Pero he llegado entera hasta el milagro: Estoy acompañada por la muerte.
Voy a dormir
Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera; una constelación, la que te guste; todas son buenas: bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes... te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido...
Yo en el fondo del mar
En el fondo del mar hay una casa de cristal.
A una avenida de madréporas, da.
Un gran pez de oro, a las cinco, me viene a saludar.
Me trae un rojo ramo de flores de coral.
Duermo en una cama un poco más azul que el mar.
Un pulpo me hace guiños a través del cristal.
En el bosque verde que me circunda —din don... din dan— se balancean y cantan las sirenas de nácar verdemar.
Y sobre mi cabeza arden, en el crepúsculo, las erizadas puntas del mar.
Biography
Alfonsina Storni fue una poeta y escritora argentina, nacida en Sala Capriasca, Suiza, en 1892, y radicada en Argentina desde temprana edad; falleció en Mar del Plata en 1938. Su obra poética se caracteriza por la expresión de la subjetividad femenina, la crítica a las convenciones sociales y una progresiva evolución desde un modernismo inicial hacia formas más vanguardistas y despojadas. Entre sus temas recurrentes se encuentran el deseo, la soledad, la maternidad, la enfermedad y la muerte, tratados con una voz íntima y a menudo desafiante. Publicó colecciones como 'La inquietud del rosal', 'El dulce daño', 'Irremediablemente', 'Ocre' y 'Mundo de siete pozos', entre otras. Su poesía influyó en la literatura argentina y latinoamericana, abriendo camino para la expresión de la experiencia femenina en la lírica. También incursionó en el teatro y el periodismo, y mantuvo vínculos con círculos literarios de Buenos Aires. Es considerada una figura central del posmodernismo y una de las voces más importantes de la poesía en lengua española del siglo XX. Su suicidio en 1938, a los 46 años, contribuyó a mitificar su figura, aunque su legado literario se sostiene por la calidad y originalidad de su obra.
