Rubén Darío

Rubén Darío fue un poeta nicaragüense, principal figura del modernismo hispanoamericano de finales del siglo XIX y principios del XX. Su obra renovó la métrica y el lenguaje poético, destacando por su musicalidad, el exotismo y la exploración de temas como el amor, el arte y la muerte. Biography ↓More ↓

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Allá lejos

Buey que vi en mi niñez echando vaho un día Bajo el nicaragüense sol de encendidos oros En la hacienda fecunda, plena de la armonía Del trópico; paloma de los bosques sonoros. Del viento, de las hachas, de pájaros y toros Salvajes, yo os saludo, pues sois la vida mía. Pesado buey, tú evocas la dulce madrugada Que llamaba a la ordeña de la vaca lechera. Cuando era mi existencia toda blanca y rosada,

Y tú, paloma arrulladora y montañera, Significas en mi primavera pasada Todo lo que hay en la divina Primavera.

De invierno

En invernales horas, mirad a Carolina. Medio apelotonada, descansa en el sillón, envuelta con su abrigo de marta cibelina y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco, junto a ella se reclina, rozando con su hocico la falda de Alençón, no lejos de las jarras de porcelana china que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño; entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris; voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis; abre los ojos; mírame, con su mirar risueño y en tanto cae la nieve del cielo de París.

Filosofía

Saluda al sol, araña, no seas rencorosa. Da tus gracias a Dios, oh, sapo, pues que eres. El peludo cangrejo tiene espinas de rosa y los moluscos reminiscencias de mujeres. Saber ser lo que sois, enigmas siendo formas; deja la responsabilidad a las Normas, que a su vez la enviarán al Todopoderoso... (Toca, grillo, a la luz de la luna; y dance el oso).

Lo fatal

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber a dónde vamos, ni de dónde venimos!...

Margarita

Recuerdas que querías ser una Margarita Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está, Cuando cenamos juntos, en la primera cita, En una noche alegre que nunca volverá.

Tus labios escarlatas de púrpura maldita Sorbían el champaña del fino baccarat; Tus dedos deshojaban la blanca margarita «¡Sí... no... sí... no...» y sabías que te adoraba ya!

Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías; Tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo; Tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías.

Y en una tarde triste de los más dulces días, La Muerte, la celosa, por ver si me querías, ¡Como a una margarita de amor, te deshojó!

Melancolía

Hermano, tú que tienes la luz, díme la mía. Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. Voy bajo tempestades y tormentas ciego de ensueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía es la camisa férrea de mil puntas cruentas que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo; a veces me parece que el camino es muy largo, y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía, cargo lleno de penas lo que apenas soporto. No oyes caer las gotas de mi melancolía?

Sonatina

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, Que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, Está mudo el teclado de su clave sonoro; Y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchína, la dueña dice cosas banales, Y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; La princesa persigue por el cielo de Oriente La libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, O en el que ha detenido su carroza argentina Para ver de sus ojos la dulzura de luz, O en el rey de las Islas de las rosas fragantes, O en el que es soberano de los claros diamantes, O en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! la pobre princesa de la boca de rosa, Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa. Tener alas ligeras, bajo el cielo volar, Ir al sol por la escala luminosa de un rayo, Saludar a los lirios con los versos de Mayo, O perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, Ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata. Ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte; Los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, De Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, En la jaula de mármol del palacio real; El palacio soberbio que vigilan los guardas, Que custodian cien negros con sus cien alabardas, Un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste. La princesa está pálida) ¡Oh, visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe (La princesa está pálida. La princesa está triste) Más brillante que el alba, más hermoso que Abril!

Calla, calla, princesa, —dice el hada madrina— En caballo con alas, hacia acá se encamina, En el cinto la espada y en la mano el azor, El feliz caballero que te adora sin verte, Y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, A encenderte los labios con su beso de amor!

Tarde del trópico

Es la tarde gris y triste. Viste el mar de terciopelo y el cielo profundo viste de duelo.

Del abismo se levanta la queja amarga y sonora. La onda, cuando el viento canta, llora.

Los violines de la bruma saludan al sol que muere. Salmodia la blanca espuma; miserere.

La armonía el cielo inunda, y la brisa va a llevar la canción triste y profunda del mar.

Del clarín del horizonte brota sinfonía rara, como si la voz del monte vibrara.

Cual si fuese lo invisible... cual si fuese el rudo son que diese al viento un terrible león.

Biography

Rubén Darío, nacido en Metapa, Nicaragua, en 1867 y fallecido en 1916, fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, considerado el máximo exponente del modernismo literario en lengua española. Su poesía se caracteriza por una profunda renovación formal: introdujo nuevas combinaciones métricas, un léxico culto y una imaginería rica en referencias mitológicas, orientales y parnasianas, así como una marcada musicalidad. Los temas centrales de su obra incluyen la belleza ideal, el erotismo, la reflexión sobre el arte y la creación, y, en su etapa final, una preocupación existencial y metafísica ante la muerte y el paso del tiempo. Entre sus libros más importantes se cuentan Azul (1888), Prosas profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905), obras que marcaron un antes y un después en la poesía hispánica. Su influencia se extendió por toda América Latina y España, y su legado es fundamental para entender la evolución de la poesía en español en el siglo XX.

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