Poemas contemplativos

Poemas contemplativos — una selección de las mejores obras en Poemship.

ContemplativoFrancisco de Quevedo

Miré los muros de la patria mía

Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados, de la carrera de la edad cansados, por quien caduca ya su valentía. Salime al campo, ví que el sol bebía los arroyos del hielo desatados, y del monte quejosos los ganados, que con sombras hurtó su luz al día. Entré en mi casa, ví que amancillada de anciana habitación era despojos; mi báculo más corvo y menos fuerte. Vencida de la edad sentí mi espada, y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte.
ContemplativoFederico García Lorca

Paisaje

Las estrellas apagadas llenan de ceniza el río verdoso y frío. La fuente no tiene trenzas. Ya se han quemado los nidos escondidos. Las ranas hacen del cauce una siringa encantada, desafinada.
ContemplativoFederico García Lorca

Despedida

Si muero, dejad el balcón abierto. El niño come naranjas. (Desde mi balcón lo veo.) El segador siega el trigo. (Desde mi balcón lo siento.) ¡Si muero, dejad el balcón abierto!
ContemplativoFederico García Lorca

Camino

No conseguirá nunca tu lanza herir el horizonte. La montaña es un escudo que lo guarda. No sueñes con la sangre de la luna y descansa. Pero deja, camino, que mis plantas exploren la caricia de la rociada. ¡Quiromántico enorme! ¿Conocerás las almas por el débil tatuaje que olvidan en tu espalda?
ContemplativoCarlos Pezoa Véliz

Tarde en el hospital

Sobre el campo el agua mustia cae fina, grácil, leve; con el agua cae angustia; llueve... Y pues solo en amplia pieza, yazgo en cama, yazgo enfermo, para espantar la tristeza, duermo. Pero el agua ha lloriqueado junto a mí, cansada, leve; despierto sobresaltado; llueve... Entonces, muerto de angustia, ante el panorama inmenso, mientras cae el agua mustia, pienso.
ContemplativoAntonio Machado

Sol de invierno

Es mediodía. Un parque. Invierno. Blancas sendas; simétricos montículos y ramas esqueléticas. Bajo el invernadero, naranjos en maceta, y en un tonel pintado de verde, la palmera. Un viejecillo dice, para su capa vieja: «¡El sol, esta hermosura de sol!...» Los niños juegan. El agua de la fuente resbala, corre y sueña lamiendo, casi muda, la verdinosa piedra.
ContemplativoAntonio Machado

Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales. Es la clase. En un cartel se representa a Caín fugitivo, y muerto Abel, junto a una mancha carmín. Con timbre sonoro y hueco, truena el maestro, un anciano mal vestido, enjuto y seco, que lleva un libro en la mano. Y todo un coro infantil va cantando la lección: mil veces ciento, cien mil; mil veces mil, un millón.
ContemplativoAntonio Machado

Noche de verano

Es una hermosa noche de verano. Tienen las altas casas abiertos los balcones del viejo pueblo a la anchurosa plaza. En el amplio rectángulo desierto, bancos de piedra, evónimos y acacias simétricos dibujan sus negras sombras en la arena blanca. En el cenit, la luna, y en la torre, la esfera del reloj iluminada. Yo en este viejo pueblo paseando solo, como un fantasma.
ContemplativoAntonio Machado

Las moscas

Vosotras, las familiares, inevitables golosas; vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas. ¡Oh viejas moscas voraces como abejas en abril, viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil! ¡Moscas del primer hastío en el salón familiar, las claras tardes de estío en que yo empecé a soñar! Y en la aborrecida escuela, raudas moscas divertidas, perseguidas por amor de lo que vuela
ContemplativoAntonio Machado

Hacia un ocaso radiante

Hacia un ocaso radiante caminaba el sol de estío, y era, entre nubes de fuego, una trompeta gigante, tras de los álamos verdes de las márgenes del río. Dentro de un olmo sonaba la sempiterna tijera de la cigarra cantora, el monorritmo jovial, entre metal y madera, que es la canción estival. En una huerta sombría, giraban los cangilones de la noria soñolienta. Bajo las ramas oscuras el son del agua se oía. Era una tarde de julio, luminosa y polvorienta. Yo iba haciendo mi camino, absorto en el solitario crepúsculo campesino. Y pensaba: “¡Hermosa tarde, nota de la lira inmensa toda desdén y armonía;
ContemplativoAntonio Machado

Daba el reloj las doce... y eran doce

Daba el reloj las doce... y eran doce golpes de azada en tierra... — ¡Mi hora! ...—grité. El silencio me respondió: —No temas; tú no verás caer la última gota que en la clepsidra tiembla. Dormirás muchas horas todavía sobre la orilla vieja, y encontrarás una mañana pura amarrada tu barca a otra ribera.
ContemplativoAntonio Machado

Cante hondo

Yo meditaba absorto, devanando los hilos del hastío y la tristeza, cuando llegó a mi oído, por la ventana de mi estancia, abierta a una caliente noche de verano, el plañir de una copla soñolienta, quebrada por los trémolos sombríos de las músicas magas de mi tierra. ...Y era el Amor, como una roja llama... -Nerviosa mano en la vibrante cuerda ponía un largo suspirar de oro, que se trocaba en surtidor de estrellas-. ...Y era la Muerte, al hombro la cuchilla, el paso largo, torva y esquelética. -Tal cuando yo era niño la soñaba-. Y en la guitarra, resonante y trémula,
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