Poemas contemplativos

Poemas contemplativos — una selección de las mejores obras en Poemship.

ContemplativoPedro Calderón de la Barca

Estas que fueron pompa y alegría

Éstas que fueron pompa y alegría despertando al albor de la mañana, a la tarde serán lástima vana durmiendo en brazos de la noche fría. Este matiz que al cielo desafía, Iris listado de oro, nieve y grana, será escarmiento de la vida humana: ¡tanto se emprende en término de un día! A florecer las rosas madrugaron, y para envejecerse florecieron: cuna y sepulcro en un botón hallaron. Tales los hombres sus fortunas vieron: en un día nacieron y espiraron; que pasados los siglos horas fueron.
ContemplativoManuel Gutiérrez Nájera

Para entonces

Quiero morir cuando decline el día, en alta mar y con la cara al cielo, donde parezca sueño la agonía, y el alma, un ave que remonta el vuelo. No escuchar los últimos instantes, ya con el cielo y con el mar a solas, más voces ni plegarias sollozantes que el majestuoso tumbo de las olas. Morir cuando la luz, triste, retira sus áureas redes de la onda verde, y ser como ese sol que lento expira: algo muy luminoso que se pierde. Morir, y joven: antes que destruya el tiempo aleve la gentil corona; cuando la vida dice aún: soy tuya, aunque sepamos bien que nos traiciona.
ContemplativoLope de Vega

Noche, fabricadora de embelecos

Noche, fabricadora de embelecos, loca, imaginativa, quimerista, que muestras al que en ti su bien conquista los montes llanos y los mares secos; habitadora de cerebros huecos, mecánica, filósofa, alquimista, encubridora vil, lince sin vista, espantadiza de tus mismos ecos: la sombra, el miedo, el mal se te atribuya, solícita, poeta, enferma, fría, manos del bravo y pies del fugitivo. Que vele o duerma, media vida es tuya: si velo, te lo pago con el día, y si duermo, no siento lo que vivo.
ContemplativoGustavo Adolfo Bécquer

Rima XXXIII

Es cuestión de palabras, y no obstante Ni tú ni yo jamás, Después de lo pasado, convendremos En quién la culpa está. ¡Lástima que el amor un diccionario No tenga donde hallar Cuándo el orgullo es simplemente orgullo, Y cuándo es dignidad!
ContemplativoGustavo Adolfo Bécquer

Rima XXII

¿Cómo vive esa rosa que has prendido Junto á tu corazón? Nunca hasta ahora contemplé en la tierra Sobre el volcán la flor.
ContemplativoGustavo Adolfo Bécquer

Rima XLVII

Yo me he asomado á las profundas simas De la tierra y del cielo, Y les he visto el fin ó con los ojos, O con el pensamiento. Mas ¡ay! de un corazón llegué al abismo, Y me incliné por verlo, Y mi alma y mis ojos se turbaron: ¡Tan hondo era y tan negro!
ContemplativoGustavo Adolfo Bécquer

Rima VII

Del salón en el ángulo oscuro, De su dueño tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo Veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarla! ¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma, Y una voz, como Lázaro, espera Que le diga: «¡Levántate y anda!»
ContemplativoGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXIX

Al brillar un relámpago nacemos, Y aún dura su fulgor cuando morimos: ¡Tan corto es el vivir! La gloria y el amor tras que corremos, Sombras de un sueño son que perseguimos: ¡Despertar es morir!
ContemplativoGustavo Adolfo Bécquer

Rima II

Saeta que voladora Cruza, arrojada al azar, Sin adivinarse dónde Temblando se clavará; Hoja que del árbol seca Arrebata el vendaval, Sin que nadie acierte el surco Donde á caer volverá; Gigante ola que el viento Riza y empuja en el mar, Y rueda y pasa, y no sabe Qué playa buscando va; Luz que en cercos temblorosos Brilla, próxima á espirar, Ignorándose cuál de ellos El último brillará;
ContemplativoFray Luis de León

Al salir de la cárcel

Aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado. Dichoso el humilde estado del sabio que se retira de aqueste mundo malvado, y con pobre mesa y casa, en el campo deleitoso con sólo Dios se compasa, y a solas su vida pasa, ni envidiado ni envidioso.
ContemplativoFrancisco de Quevedo

Signifícase la propia brevedad de la vida

Fue sueño ayer; mañana será tierra. Poco antes, nada; y poco después, humo. Y destino ambiciones, y presumo apenas punto al cerco que me cierra. Breve combate de importuna guerra, en mi defensa, soy peligro sumo; y mientras con mis armas me consumo, menos me hospeda el cuerpo que me entierra. Ya no es ayer; mañana no ha llegado; hoy pasa, y es, y fue, con movimiento que a la muerte me lleva despeñado. Azadas son la hora y el momento que, a jornal de mi pena y mi cuidado, cavan en mi vivir mi monumento.