Antonio Machado abre con una escena primaveral llena de movimiento: la primavera besa la arboleda, el verde brota como una humareda y las nubes pasan sobre el campo. En medio de ese renacer, el hablante recuerda un almendro florido bajo el cual maldijo su juventud sin amor. Ahora, a la mitad de la vida, se detiene a meditar y desea volver a soñar una juventud que siente que nunca vivió. La naturaleza está cargada de promesas, pero él se siente fuera de ellas. De ese contraste nace una melancolía serena: abril duele porque anuncia una vida que el corazón no pudo habitar.
La primavera besaba — Resumen
La primavera besaba suavemente la arboleda, y el verde nuevo brotaba como una verde humareda. Las nubes iban pasando sobre el campo juvenil... Yo vi en las hojas temblando las frescas lluvias de abril. Bajo ese almendro florido, todo cargado de flor —recordé—, yo he maldecido mi juventud sin amor. Hoy, en mitad de la vida, me he parado a meditar... ¡Juventud nunca vivida, quién te volviera a soñar!