Una mañana de primavera se dirige a un caminante envejecido y le recuerda que hace muchos años floreció en su corazón sombrío. Le pregunta si aún conserva el perfume de sus lirios y si sus rosas siguen perfumando la frente del hada de sus sueños. El hombre responde con desencanto lúcido: sus sueños son solo de cristal, frágiles y distantes; no conoce al hada que los habita ni sabe si su corazón está florido. No hay amargura, sino una melancolía serena. Sin embargo, deja abierta una posibilidad: si llega una mañana pura capaz de romper el vaso de cristal, quizá el hada devuelva sus rosas y el corazón recupere sus lirios. Queda una atmósfera íntima, suspendida entre la pérdida y una esperanza frágil, como un renacer que aún no termina de llegar.
Me dijo un alba de la primavera — Resumen
Me dijo un alba de la primavera: —Yo florecí en tu corazón sombrío ha muchos años, caminante viejo que no cortas las flores del camino. Tu corazón de sombra, ¿acaso guarda el viejo aroma de mis viejos lirios? ¿Perfuman aun mis rosas la alba frente del hada de tu sueño adamantino? Respondí a la mañana: —Sólo tienen cristal los sueños míos. Yo no conozco el hada de mis sueños, ni sé si está mi corazón florido. Pero si aguardas la mañana pura que ha de romper el vaso cristalino, quizás el hada te dará tus rosas; mi corazón, tus lirios.