Una noche estival envuelve un viejo pueblo. El hablante observa las altas casas con balcones abiertos hacia la plaza anchurosa y desierta. La escena es de una calma absoluta: bancos de piedra, evónimos y acacias proyectan sombras simétricas sobre la arena blanca. Arriba, la luna en el cenit y la esfera iluminada del reloj de la torre presiden el silencio. En medio de esa quietud, el yo camina solo, «como un fantasma». Esa comparación final revela su estado: no se trata solo de soledad física, sino de una sensación de pertenecer apenas al lugar, de ser una presencia invisible entre sombras. El contraste entre la serena armonía del espacio y la figura espectral del paseante produce un ambiente bello y algo irreal, donde la noche de verano convive con una melancolía suave y profunda.
Noche de verano — Resumen
Es una hermosa noche de verano. Tienen las altas casas abiertos los balcones del viejo pueblo a la anchurosa plaza. En el amplio rectángulo desierto, bancos de piedra, evónimos y acacias simétricos dibujan sus negras sombras en la arena blanca. En el cenit, la luna, y en la torre, la esfera del reloj iluminada. Yo en este viejo pueblo paseando solo, como un fantasma.