En una tarde de invierno parda y fría, unos niños estudian mientras la lluvia golpea los cristales. La escena es cerrada y gris: en el aula hay un cartel con Caín huyendo y Abel muerto, y un maestro anciano, mal vestido, enjuto y seco, truena con su libro en la mano. Los niños repiten de memoria una lección de aritmética: «mil veces ciento, cien mil; mil veces mil, un millón». La voz que recuerda transmite una mezcla de distancia y melancolía ante esa rutina infantil. Todo respira monotonía, frío y encierro; la lluvia repetida al final subraya que nada cambia, que la tarde escolar queda fija en la memoria como una estampa agridulce. La repetición de la primera estrofa al final cierra el texto como un círculo y refuerza esa sensación de tiempo detenido. El tono es sobrio, sin queja explícita, pero deja un poso de aburrimiento y tristeza leve.
Recuerdo infantil — Resumen
Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel se representa a Caín fugitivo, y muerto Abel, junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco, truena el maestro, un anciano mal vestido, enjuto y seco, que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil va cantando la lección: mil veces ciento, cien mil; mil veces mil, un millón.
Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de la lluvia en los cristales.