La voz poética revive una pesadilla en la que un ser ambiguo —demonio y, a la vez, el ángel más hermoso— la mira con ojos victoriosos y alumbra con su antorcha sangrienta lo más hondo del alma. El hablante siente miedo y rechaza la invitación: “No, jamás; las tumbas / y los muertos me espantan”. Sin embargo, una mano férrea lo obliga a avanzar. No hay escapatoria: la voluntad queda anulada por esa fuerza hipnótica. El descenso a la cripta se llena de presagios: cadenas y fieras enjauladas sugieren instintos, culpas o temores ocultos que despiertan. El clima es opresivo y fascinante: la belleza convive con lo siniestro y el miedo no impide el avance. Machado crea una atmósfera densa de misterio y temblor interior.
Y era el demonio de mi sueño — Resumen
Y era el demonio de mi sueño, el ángel más hermoso. Brillaban como aceros los ojos victoriosos, y las sangrientas llamas de su antorcha alumbraron la honda cripta del alma. -¿Vendrás conmigo? -No, jamás; las tumbas y los muertos me espantan. Pero la férrea mano mi diestra atenazaba. -Vendrás conmigo... Y avancé en mi sueño, cegado por la roja luminaria. Y en la cripta sentí sonar cadenas, y rebullir de fieras enjauladas.