Camino — Resumen

No conseguirá nunca tu lanza herir el horizonte. La montaña es un escudo que lo guarda.

No sueñes con la sangre de la luna y descansa. Pero deja, camino, que mis plantas exploren la caricia de la rociada.

¡Quiromántico enorme! ¿Conocerás las almas por el débil tatuaje que olvidan en tu espalda? Si eres Flammarión de las pisadas, ¡cómo debes amar a los asnos que pasan acariciando con ternura humilde tu carne desgarrada! Ellos solos meditan dónde puede llegar tu enorme lanza. Ellos solos, que son los Budas de la Fauna, cuando viejos y heridos deletrean tu libro sin palabras. ¡Cuánta melancolía tienes entre las casas del poblado! ¡Qué clara es tu virtud! Aguantas cuatro carros dormidos, dos acacias, y un pozo del antaño que no tiene agua.

Dando vueltas al mundo, no encontrarás posada. No tendrás camposanto ni mortaja, ni el aire del amor renovará tu sustancia. Pero sal de los campos y en la negra distancia de lo eterno, si tallas la sombra con tu lima blanca, ¡oh camino! ¡pasarás por el puente de Santa Clara!

Show the whole poemHide the poem

Aplicación Learn Poems

Prueba la app Learn Poems

Todo lo del entrenador web y más: nuevos ejercicios, grabación de voz y opción de compartir, recordatorios, repaso rápido.

El hablante trata al camino como a un ser vivo, cansado y sabio. Le advierte que su lanza no alcanzará nunca el horizonte, porque la montaña lo protege, y le pide que deje de soñar con la sangre de la luna y descanse. A la vez, desea sentir en sus pies la caricia del rocío. El camino es para él un enorme quiromántico: lee las huellas olvidadas sobre su espalda y ama a los asnos que lo pisan con humilde ternura, esos «Budas de la Fauna» que meditan su libro sin palabras. Hay melancolía en su paso por el pueblo, donde soporta carros dormidos, acacias y un pozo seco. Aunque su destino errante no le promete posada ni mortaja, el hablante le abre una salida casi mística: si talla la sombra en la distancia eterna, cruzará el puente de Santa Clara. Domina un tono contemplativo, compasivo y asombrado.

Read also

More by Federico García Lorca

All poems
SadFederico García Lorca

Baladilla de los tres ríos

El río Guadalquivir va entre naranjos y olivos. Los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo.
ContemplativeFederico García Lorca

Despedida

Si muero, dejad el balcón abierto. El niño come naranjas. (Desde mi balcón lo veo.)