En estos versos, Lorca convierte el deseo en una canción breve y llena de imágenes sensoriales. La voz se sitúa en una mañana verde y dice que quería ser corazón; más tarde, en una tarde madura, quería ser ruiseñor. Ese primer movimiento expresa un anhelo de sentir hondo y de cantar. Luego aparece el alma, a la que se le pide que se ponga color de naranja y color de amor: un ruego íntimo para teñir lo interior de algo luminoso y cálido. En la segunda parte, el yo ya no quiere transformarse en otras cosas, sino ser él mismo y ser su propia voz. El poema crea un ambiente lírico, melancólico y a la vez esperanzado, como un deseo que pasa de la identificación con la naturaleza a la afirmación personal. La repetición casi de canción infantil refuerza esa mezcla de inocencia y hondura.
Cancioncilla del primer deseo — Resumen
En la mañana verde, quería ser corazón. Corazón.
Y en la tarde madura quería ser ruiseñor. Ruiseñor.
(Alma, ponte color de naranja. Alma, ponte color de amor.)
En la mañana viva, yo quería ser yo. Corazón.
Y en la tarde caída quería ser mi voz. Ruiseñor.
¡Alma, ponte color naranja! ¡Alma, ponte color de amor!