Miré los muros de la patria mía — Resumen

Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados, de la carrera de la edad cansados, por quien caduca ya su valentía.

Salime al campo, ví que el sol bebía los arroyos del hielo desatados, y del monte quejosos los ganados, que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa, ví que amancillada de anciana habitación era despojos; mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada, y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte.

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La mirada del hablante va de lo exterior a lo íntimo y en cada lugar encuentra la misma evidencia: todo se desgasta. Contempla los muros de su patria, antes fuertes y ya derrumbados, cansados por el paso del tiempo. Sale al campo: el sol derrite el hielo, los ganados se quejan porque la sombra del monte les roba la luz. Vuelve a casa, la ve avejentada y hecha despojos; su bastón está más torcido y débil, y siente que su espada ha sido vencida por la edad. Nada de lo que mira escapa a la decadencia.

El sentimiento central es una melancolía serena: el hablante no se rebela, sino que comprueba. La repetición del “vi” convierte el poema en un recorrido simbólico hacia dentro, hasta el propio cuerpo. El tono crea una ruina silenciosa y una aceptación íntima; cada objeto se vuelve recuerdo de la muerte.

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