El hablante acaba de salir de prisión y deja claro que no lo encerró un delito, sino la envidia y la mentira. Sin embargo, no se queda en la queja: el recuerdo de la cárcel le permite valorar una vida distinta, alejada del “mundo malvado”. Describe al sabio que se retira al campo, con mesa pobre y casa sencilla, y que vive a solas con Dios. No necesita lujos ni reconocimiento; su paz está en no desear lo ajeno y en no ser objeto de envidia. El tono es sereno, agradecido y contemplativo. Más que amargura, hay alivio y una celebración de la libertad recuperada. La estrofa crea una atmósfera de descanso y armonía espiritual, como si al salir de la celda se abriera un horizonte de humildad, naturaleza y quietud interior.
Al salir de la cárcel — Resumen
Aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado. Dichoso el humilde estado del sabio que se retira de aqueste mundo malvado, y con pobre mesa y casa, en el campo deleitoso con sólo Dios se compasa, y a solas su vida pasa, ni envidiado ni envidioso.