Rima LVI — Resumen

Hoy como ayer, mañana como hoy, Y siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno, Y andar... andar!

Moviéndose á compás, como una estúpida Máquina, el corazón: La torpe inteligencia del cerebro, Dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso, Buscándole sin fe; Fatiga sin objeto, ola que rueda Ignorando por qué!

Voz que incesante con el mismo tono Canta el mismo cantar; Gota de agua monótona que cae, Y cae sin cesar!

Así van deslizándose los días Unos de otros en pos, Hoy lo mismo que ayer... y todos ellos Sin goce ni dolor.

¡Ay! á veces me acuerdo suspirando Del antiguo sufrir... Amargo es el dolor; pero siquiera, Padecer es vivir!

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Quien habla en estos versos describe una existencia atrapada en la repetición: hoy es como ayer y mañana será igual. Todo se reduce a un cielo gris, un horizonte sin fin y un andar sin rumbo. El corazón late como una máquina estúpida, la inteligencia está dormida y el alma busca un paraíso sin fe, cansada y sin objeto, como una ola que rueda sin saber por qué. La vida se vuelve una gota de agua monótona que cae sin cesar.

Esa falta de estímulos crea un ambiente de hastío y vacío: los días pasan unos tras otros sin goce ni dolor. Al final, sin embargo, el hablante suspira al recordar el sufrimiento antiguo. Aunque el dolor es amargo, al menos padecer es vivir. Se expresa así no solo tedio, sino nostalgia de sentir algo, incluso el sufrimiento, frente a una vida insensible.

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