El título latino “Ars” ya anuncia una pequeña arte poética: Silva concibe el verso como un beso santo, un acto íntimo y consagrado. Pide que en él se deposite un pensamiento puro, pero lleno de vida, con imágenes que hiervan como burbujas doradas en un vino viejo y oscuro. También deben caber las flores ajadas por el frío del mundo, los recuerdos hermosos de lo que no regresa y los nardos cubiertos de rocío. La voz no describe; invita, con fervor contenido. El tono es sensual y melancólico, casi ritual. La poesía aparece como una esencia capaz de embalsamar la existencia mísera: basta una gota de ese bálsamo supremo ardiendo en el alma enternecida para consolar la lucha diaria. El hablante siente una mezcla de ternura y desencanto: el sufrimiento no desaparece, pero puede volverse soportable y bello al transformarse en materia poética.
Ars — Resumen
El verso es un beso santo. ¡Poned en él tan sólo, un pensamiento puro, en cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes como burbujas de oro de un viejo vino oscuro!
¡Allí verted las flores que en la continua lucha ajó del mundo el frío, recuerdos deliciosos de tiempos que no vuelven, y nardos empapados de gotas de rocío
para que la existencia mísera se embalsame cual de una esencia ignota quemándose en el fuego del alma enternecida de aquel supremo bálsamo basta una sola gota!