Una rosa recién abierta, fresca, pura y olorosa, abre el soneto como imagen de belleza y plenitud. Muy pronto, el sol ardiente la consume y el aire le arranca los pétalos: del esplendor solo queda la pérdida. A partir de ahí, el hablante traslada esa escena a su propia vida. Su felicidad amorosa brilló un instante, y en ese vuelo llegó a imaginar una nube de gloria y alegría. Pero el bien se trocó en amargura, y la dulce flor de la esperanza aparece ahora deshojada, subiendo por los aires. El poema crea un clima melancólico y reflexivo: lo hermoso se siente frágil, el gozo se recuerda como algo brevísimo y el presente queda marcado por la desilusión.
Soneto — Resumen
Fresca, lozana, pura y olorosa, gala y adorno del pensil florido, gallarda puesta sobre el ramo erguido, fragancia esparce la naciente rosa.
Mas si el ardiente sol lumbre enojosa vibra del can en llamas encendido, el dulce aroma y el color perdido, sus hojas lleva el aura presurosa.
Así brilló un momento mi ventura en alas del amor, y hermosa nube fingí tal vez de gloria y de alegría.
Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura, y deshojada por los aires sube la dulce flor de la esperanza mía.