En una rama sólo queda un poco de paja mustia: el nido ha desaparecido. Un pájaro fiel recorre la arboleda sin hallar tregua, se detiene en cada gajo y pregunta por su amor. Su queja sube al cielo y baja al sendero, junto a los espinos donde la oveja deja su blanda lana. Esa búsqueda incansable crea una atmósfera de soledad y duelo delicado. El hablante mira al animal con compasión: un ser que sólo sabe cantar y que, al cantar, llora el nido que ya nunca ha de encontrar. La tristeza no es violenta, sino persistente, como un lamento en voz baja. Hay ternura en esa fidelidad sin consuelo, porque el pájaro no puede reconstruir lo perdido y aun así lo busca en cada rama. El paisaje acompaña ese estado: la paja seca, los espinos y la lana enredada refuerzan la sensación de algo frágil y abandonado.
El nido ausente — Resumen
Sólo ha quedado en la rama un poco de paja mustia y, en la arboleda, la angustia de un pájaro fiel que llama. Cielo arriba y senda abajo, no halla tregua a su dolor, y se para en cada gajo preguntando por su amor. Ya remonta con su queja, ya pía por el camino donde deja en el espino su blanda lana la oveja. Pobre pájaro afligido que sólo sabe cantar y, cantando, llora el nido que ya nunca ha de encontrar.