La ausencia amorosa se presenta aquí como un estado lleno de contradicciones. No es una simple separación, sino un desgarramiento interior. Quien ama siente que se va y, al mismo tiempo, se queda; pierde su alma y carga con una ajena. Las imágenes crean un malestar creciente: arder como una vela, levantar torres sobre arena, caer del cielo y quedar convertido en un demonio en pena sin arrepentimiento. El hablante habla en soledad, pide paciencia prestada, confunde lo pasajero con lo eterno, cree sospechas y niega verdades. Todo desemboca en una definición rotunda: la ausencia es fuego en el alma y, en la vida, infierno. El tono es intenso y atormentado; transmite deseo, culpa y desesperación, como si el amor lejano quemara por dentro sin ofrecer alivio. Así, la ausencia no es vacío, sino una presencia que duele.
Ir y quedarse, y con quedar partirse — Resumen
Ir y quedarse, y con quedar partirse, partir sin alma, e ir con alma ajena, oír la dulce voz de una sirena y no poder del árbol desasirse; arder como la vela y consumirse, haciendo torres sobre tierna arena; caer de un cielo, y ser demonio en pena, y de serlo jamás arrepentirse; hablar entre las mudas soledades, pedir prestada sobre fe paciencia, y lo que es temporal llamar eterno; creer sospechas y negar verdades, es lo que llaman en el mundo ausencia, fuego en el alma, y en la vida infierno.