Unas rosas que al amanecer lucen espléndidas se marchitarán al anochecer. A partir de esa imagen, Calderón medita sobre lo breve de la belleza y de la vida. La flor, con sus colores que parecen desafiar al cielo, se convierte en aviso: todo ese esplendor cabe en un solo día. Las rosas madrugaron para florecer y, al florecer, ya estaban envejeciendo; en un mismo capullo encontraron cuna y sepultura. Lo mismo les ocurre a los hombres: ven nacer y morir sus fortunas en un día, y lo que parecían siglos son apenas horas. El tono es sereno, melancólico y un poco admonitorio; no hay rabia ni desesperación, sino asombro ante la fragilidad. El hablante siente que la hermosura es prestada y fugaz, y deja una atmósfera de recogimiento, casi de elegía, ante el paso del tiempo.
Estas que fueron pompa y alegría — Resumen
Éstas que fueron pompa y alegría despertando al albor de la mañana, a la tarde serán lástima vana durmiendo en brazos de la noche fría.
Este matiz que al cielo desafía, Iris listado de oro, nieve y grana, será escarmiento de la vida humana: ¡tanto se emprende en término de un día!
A florecer las rosas madrugaron, y para envejecerse florecieron: cuna y sepulcro en un botón hallaron.
Tales los hombres sus fortunas vieron: en un día nacieron y espiraron; que pasados los siglos horas fueron.