Lo fatal — Resumen

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber a dónde vamos, ni de dónde venimos!...

Visa hela diktenDölj dikten

Aplicación Learn Poems

Prueba la app Learn Poems

Todo lo del entrenador web y más: nuevos ejercicios, grabación de voz y opción de compartir, recordatorios, repaso rápido.

El hablante de «Lo fatal» envidia al árbol, apenas sensitivo, y más aún a la piedra, que ya no siente. Para él, no hay dolor más grande que estar vivo con conciencia: saber que existimos sin rumbo cierto, con miedo al pasado y terror al futuro. Lo más angustioso es la certeza de la muerte y, al mismo tiempo, la ignorancia total sobre el sentido de la vida. No sabemos de dónde venimos ni a dónde vamos. Mientras tanto, la carne seduce con sus placeres, representados en los racimos frescos, y la tumba espera con sus ramos fúnebres. El tono es grave, pesimista y casi asfixiante: una queja ante el misterio sin respuesta. El poema transmite un vértigo existencial, una sensación de fragilidad y de impotencia frente a lo desconocido.

Läs också

Mer av Rubén Darío

Alla dikter
DrömmandeRubén Darío

De invierno

En invernales horas, mirad a Carolina. Medio apelotonada, descansa en el sillón, envuelta con su abrigo de marta cibelina y no lejos del fuego que brilla en el salón.
RomantiskRubén Darío

Amo, amas

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo el ser y con la tierra y con el cielo, con lo claro del sol y lo oscuro del lodo: Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.
InspireradRubén Darío

Walt Whitman

En su país de hierro vive el gran viejo, bello como un patriarca, sereno y santo. Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo, algo que impera y vence con noble encanto.