El hablante de «Lo fatal» envidia al árbol, apenas sensitivo, y más aún a la piedra, que ya no siente. Para él, no hay dolor más grande que estar vivo con conciencia: saber que existimos sin rumbo cierto, con miedo al pasado y terror al futuro. Lo más angustioso es la certeza de la muerte y, al mismo tiempo, la ignorancia total sobre el sentido de la vida. No sabemos de dónde venimos ni a dónde vamos. Mientras tanto, la carne seduce con sus placeres, representados en los racimos frescos, y la tumba espera con sus ramos fúnebres. El tono es grave, pesimista y casi asfixiante: una queja ante el misterio sin respuesta. El poema transmite un vértigo existencial, una sensación de fragilidad y de impotencia frente a lo desconocido.
Lo fatal — Resumen
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber a dónde vamos, ni de dónde venimos!...