Melancolía — Resumen

Hermano, tú que tienes la luz, díme la mía. Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. Voy bajo tempestades y tormentas ciego de ensueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía es la camisa férrea de mil puntas cruentas que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo; a veces me parece que el camino es muy largo, y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía, cargo lleno de penas lo que apenas soporto. No oyes caer las gotas de mi melancolía?

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El hablante se dirige a un hermano que tiene la luz y le pide la suya, porque se siente ciego, sin rumbo y a tientas. Su mal es soñar: la poesía es una camisa férrea con puntas cruentas que lleva sobre el alma. Las espinas sangrientas dejan caer gotas de melancolía. Así avanza, ciego y loco, por un mundo amargo; a ratos el camino le parece muy largo, a ratos muy corto. Vive en un titubeo entre aliento y agonía, cargando penas que apenas soporta, y pregunta si no se oyen caer esas gotas. El tono es íntimo y desolado. La melancolía se siente como algo físico: espinas, sangre, peso. La impresión final es de fatiga espiritual, soledad y dolor hondo.

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