Poèmes sur le thème : amor

Poèmes sur le thème « amor » sur Poets.by.

RomantiqueGustavo Adolfo Bécquer

Rima XXIV

Dos rojas lenguas de fuego Que, á un mismo tronco enlazadas, Se aproximan, y al besarse Forman una sola llama; Dos notas que del laud A un tiempo la mano arranca, Y en el espacio se encuentran Y armoniosas se abrazan; Dos olas que vienen juntas A morir sobre una playa, Y que al romper se coronan Con un penacho de plata; Dos jirones de vapor Que del lago se levantan, Y al juntarse allí en el cielo Forman una nube blanca;
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima XLVI

Me ha herido recatándose en las sombras, Sellando con un beso su traición. Los brazos me echó al cuello, y por la espalda Partióme á sangre fría el corazón. Y ella prosigue alegre su camino, Feliz, risueña, impávida; ¿y por qué? Porque no brota sangre de la herida... ¡Porque el muerto está en pie!
RomantiqueSor Juana Inés de la Cruz

Al que ingrato me deja, busco amante

Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrata; constante adoro a quien mi amor maltrata, maltrato a quien mi amor busca constante. Al que trato de amor, hallo diamante, y soy diamante al que de amor me trata, triunfante quiero ver al que me mata y mato al que me quiere ver triunfante. Si a éste pago, padece mi deseo; si ruego a aquél, mi pundonor enojo; de entrambos modos infeliz me veo. Pero yo, por mejor partido, escojo; de quien no quiero, ser violento empleo; que, de quien no me quiere, vil despojo.
RêveurRubén Darío

Venus

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín. En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía, como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín. A mi alma enamorada, una reina oriental parecía, que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín, o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría, triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín. «¡Oh, reina rubia!—díjele,—mi alma quiere dejar su crisálida y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar; y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida, y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar.» El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
RomantiqueRubén Darío

Margarita

Recuerdas que querías ser una Margarita Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está, Cuando cenamos juntos, en la primera cita, En una noche alegre que nunca volverá. Tus labios escarlatas de púrpura maldita Sorbían el champaña del fino baccarat; Tus dedos deshojaban la blanca margarita «¡Sí... no... sí... no...» y sabías que te adoraba ya! Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías; Tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo; Tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías. Y en una tarde triste de los más dulces días, La Muerte, la celosa, por ver si me querías, ¡Como a una margarita de amor, te deshojó!
RêveurRubén Darío

De invierno

En invernales horas, mirad a Carolina. Medio apelotonada, descansa en el sillón, envuelta con su abrigo de marta cibelina y no lejos del fuego que brilla en el salón. El fino angora blanco, junto a ella se reclina, rozando con su hocico la falda de Alençón, no lejos de las jarras de porcelana china que medio oculta un biombo de seda del Japón. Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño; entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris; voy a besar su rostro, rosado y halagüeño como una rosa roja que fuera flor de lis; abre los ojos; mírame, con su mirar risueño y en tanto cae la nieve del cielo de París.
RomantiqueMedardo Ángel Silva

El alma en los labios

Cuando de nuestro amor la llama apasionada dentro de tu pecho amante contemples extinguida, ya que sólo por ti la vida me es amada, el día en que me faltes me arrancaré la vida. Porque mi pensamiento, lleno de este cariño que en una hora feliz me hiciera esclavo tuyo, Lejos de tus pupilas es triste como un niño que se duerme soñando en tu acento de arrullo. Para envolverte en besos quisiera ser el viento y quisiera ser todo lo que tu mano toca; ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento, para poder estar más cerca de tu boca. Vivo de tu palabra, y eternamente espero llamarte mía, como quien espera un tesoro. lejos de ti comprendo lo mucho que te quiero y, besando tus cartas, ingenuamente lloro.
RêveurManuel Gutiérrez Nájera

Non omnis moriar

¡No moriré del todo, amiga mía! De mi ondulante espíritu disperso, algo en la urna diáfana del verso, piadosa guardará la poesía. ¡No moriré del todo! Cuando herido caiga a los golpes del dolor humano, ligera tú, del campo entenebrido levantarás al moribundo hermano. Tal vez para entonces por la boca inerme que muda aspira la infinita calma, oigas la voz de todo lo que duerme con los ojos abiertos de mi alma. Hondos recuerdos de fugaces días, ternezas tristes que suspiran solas; pálidas, enfermizas alegrías sollozando al compás de las violas...
RêveurLope de Vega

Ir y quedarse, y con quedar partirse

Ir y quedarse, y con quedar partirse, partir sin alma, e ir con alma ajena, oír la dulce voz de una sirena y no poder del árbol desasirse; arder como la vela y consumirse, haciendo torres sobre tierna arena; caer de un cielo, y ser demonio en pena, y de serlo jamás arrepentirse; hablar entre las mudas soledades, pedir prestada sobre fe paciencia, y lo que es temporal llamar eterno; creer sospechas y negar verdades, es lo que llaman en el mundo ausencia, fuego en el alma, y en la vida infierno.
TristeJulio Flórez

Flores negras

Oye: bajo las ruinas de mis pasiones, y en el fondo de esta alma que ya no alegras, entre polvos de ensueños y de ilusiones yacen entumecidas mis flores negras. Ellas son el recuerdo de aquellas horas en que presa en mis brazos te adormecías, mientras yo suspiraba por las auroras de tus ojos, auroras que no eran mías. Ellas son mis dolores, capullos hechos; los intensos dolores que en mis entrañas sepultan sus raíces, cual los helechos en las húmedas grietas de las montañas. Ellas son tus desdenes y tus reproches ocultos en esta alma que ya no alegras; son, por eso, tan negras como las noches de los gélidos polos, mis flores negras.
TristeJosé Martí

Versos sencillos (IX)

Quiero, a la sombra de un ala, contar este cuento en flor: la niña de Guatemala, la que se murió de amor. Eran de lirios los ramos; y las orlas de reseda y de jazmín; la enterramos en una caja de seda... Ella dio al desmemoriado una almohadilla de olor; él volvió, volvió casado; ella se murió de amor. Iban cargándola en andas obispos y embajadores; detrás iba el pueblo en tandas, todo cargado de flores...