Poemas tristes

Poemas tristes — una selección de las mejores obras en Poemship.

TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LVI

Hoy como ayer, mañana como hoy, Y siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno, Y andar... andar! Moviéndose á compás, como una estúpida Máquina, el corazón: La torpe inteligencia del cerebro, Dormida en un rincón. El alma, que ambiciona un paraíso, Buscándole sin fe; Fatiga sin objeto, ola que rueda Ignorando por qué! Voz que incesante con el mismo tono Canta el mismo cantar; Gota de agua monótona que cae, Y cae sin cesar!
TristeRubén Darío

Tarde del trópico

Es la tarde gris y triste. Viste el mar de terciopelo y el cielo profundo viste de duelo. Del abismo se levanta la queja amarga y sonora. La onda, cuando el viento canta, llora. Los violines de la bruma saludan al sol que muere. Salmodia la blanca espuma; miserere. La armonía el cielo inunda, y la brisa va a llevar la canción triste y profunda del mar.
TristeRubén Darío

Melancolía

Hermano, tú que tienes la luz, díme la mía. Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. Voy bajo tempestades y tormentas ciego de ensueño y loco de armonía. Ese es mi mal. Soñar. La poesía es la camisa férrea de mil puntas cruentas que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas dejan caer las gotas de mi melancolía. Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo; a veces me parece que el camino es muy largo, y a veces que es muy corto... Y en este titubeo de aliento y agonía, cargo lleno de penas lo que apenas soporto. No oyes caer las gotas de mi melancolía?
TristeLope de Vega

Quiero escribir y el llanto no me deja

Quiero escribir, y el llanto no me deja; pruebo a llorar, y no descanso tanto; vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto: todo me impide el bien, todo me aqueja. Si el llanto dura, el alma se me queja; si el escribir, mis ojos; y si en tanto por muerte o por consuelo me levanto, de entrambos la esperanza se me aleja. Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra el centro deste pecho que enciende le di (si en tanto bien pudieres verte) que haga de mis lágrimas la letra, pues ya que no lo siente, bien entiende: que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.
TristeLeopoldo Lugones

El nido ausente

Sólo ha quedado en la rama un poco de paja mustia y, en la arboleda, la angustia de un pájaro fiel que llama. Cielo arriba y senda abajo, no halla tregua a su dolor, y se para en cada gajo preguntando por su amor. Ya remonta con su queja, ya pía por el camino donde deja en el espino su blanda lana la oveja. Pobre pájaro afligido que sólo sabe cantar y, cantando, llora el nido que ya nunca ha de encontrar.
TristeJulio Flórez

Flores negras

Oye: bajo las ruinas de mis pasiones, y en el fondo de esta alma que ya no alegras, entre polvos de ensueños y de ilusiones yacen entumecidas mis flores negras. Ellas son el recuerdo de aquellas horas en que presa en mis brazos te adormecías, mientras yo suspiraba por las auroras de tus ojos, auroras que no eran mías. Ellas son mis dolores, capullos hechos; los intensos dolores que en mis entrañas sepultan sus raíces, cual los helechos en las húmedas grietas de las montañas. Ellas son tus desdenes y tus reproches ocultos en esta alma que ya no alegras; son, por eso, tan negras como las noches de los gélidos polos, mis flores negras.
TristeJosé Martí

Versos sencillos (IX)

Quiero, a la sombra de un ala, contar este cuento en flor: la niña de Guatemala, la que se murió de amor. Eran de lirios los ramos; y las orlas de reseda y de jazmín; la enterramos en una caja de seda... Ella dio al desmemoriado una almohadilla de olor; él volvió, volvió casado; ella se murió de amor. Iban cargándola en andas obispos y embajadores; detrás iba el pueblo en tandas, todo cargado de flores...
TristeJosé de Espronceda

Soneto

Fresca, lozana, pura y olorosa, gala y adorno del pensil florido, gallarda puesta sobre el ramo erguido, fragancia esparce la naciente rosa. Mas si el ardiente sol lumbre enojosa vibra del can en llamas encendido, el dulce aroma y el color perdido, sus hojas lleva el aura presurosa. Así brilló un momento mi ventura en alas del amor, y hermosa nube fingí tal vez de gloria y de alegría. Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura, y deshojada por los aires sube la dulce flor de la esperanza mía.
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima XXX

Asomaba á sus ojos una lágrima y á mi labio una frase de perdón; Habló el orgullo y se enjugó su llanto, Y la frase en mis labios espiró. Yo voy por un camino, ella por otro; Pero al pensar en nuestro mutuo amor, Yo digo aún: ¿por qué callé aquel día? Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima XLIII

Dejé la luz á un lado, y en el borde De la revuelta cama me senté, Mudo, sombrío, la pupila inmóvil Clavada en la pared. ¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme La embriaguez horrible del dolor, Espiraba la luz, y en mis balcones Reía el sol. Ni sé tampoco en tan terribles horas En qué pensaba ó qué pasó por mí; Sólo recuerdo que lloré y maldije, Y que en aquella noche envejecí.
TristeGustavo Adolfo Bécquer

Rima LXXI

No dormía; vagaba en ese limbo En que cambian de forma los objetos, Misteriosos espacios que separan La vigilia del sueño. Las ideas, que en ronda silenciosa Daban vueltas en torno á mi cerebro, Poco á poco en su danza se movían Con un compás más lento. De la luz que entra al alma por los ojos Los párpados velaban al reflejo, Mas otra luz el mundo de visiones Alumbraba por dentro. En este punto resonó en mi oído Un rumor semejante al que en el templo Vaga confuso, al terminar los fieles Con un Amén sus rezos.