Un encuentro fugaz por la calle basta para removerlo todo. El hablante ve pasar a una mujer de belleza rubia, elegante, acompañada por su madre. Ella le devuelve la mirada y él queda paralizado, como arrebatado. En ese instante, cuerpo y alma le gritan que la siga. Pero no obedece: reconoce que amar con locura significaría abrir heridas que todavía sangran. Aunque siente una intensa sed de ternura, cierra los ojos y la deja marchar.
El título, “Cobardía”, muestra cómo se juzga a sí mismo: no es falta de deseo, sino miedo al sufrimiento. La escena queda teñida de melancolía y de una frustración callada. La belleza no se pierde por indiferencia, sino porque quien mira teme más el dolor que la pérdida.