Amado Nervo imagina la llegada de un amor correspondido como una transformación total del paisaje: habrá más luz que en junio, noches de plenilunio, rosas abundantes, fuentes que saltan cantando y bosques con arpegios inauditos. El hablante no describe una escena concreta ni retrata a la persona amada; proyecta su emoción sobre todo lo que lo rodea y lo llena de prodigios. Las margaritas se vuelven hermanitas rubias que siguen sus pasos; los tréboles nacen con cuatro hojas y hasta el cielo parece salido de un cuento maravilloso. Es una espera exaltada, casi religiosa, en la que el deseo y la ternura idealizan cada detalle. El tono es luminoso, musical y soñador, y culmina en una idea de unión absoluta: cuando ese amor llegue, un solo beso podrá contener la dicha de Dios.
El día que me quieras — Resumen
El día que me quieras tendrá más luz que junio; la noche que me quieras será de plenilunio, con notas de Beethoven vibrando en cada rayo sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas que en todo el mes de mayo.
Las fuertes cristalinas irán por las laderas saltando cantarinas, el día que me quieras.
El día que me quieras, los sotos escondidos resonarán arpegios nunca antes oídos. Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras que hubo y habrá en el mundo, serán cuando me quieras.
Tomadas de la mano, cual rubias hermanitas luciendo golas cándidas, irán las margaritas por montes y praderas delante de tus pasos, el día que me quieras... Y si deshojan una, te diré inocente postrer pétalo blanco ¡Apasionadamente!
Al reventar el alba del día que me quieras, tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras y en el estanque, nido de gérmenes ignotos, florecerán las místicas corolas de los lotos.
El día que me quieras será cada celaje ala maravillosa; cada arrebol, miraje de las Mil y Una noches; cada brisa un cantar, cada árbol una lira, cada monte un altar.
El día que me quieras, para nosotros dos cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.