Cante hondo — Resumen

Antonio MachadoContemplative

Yo meditaba absorto, devanando los hilos del hastío y la tristeza, cuando llegó a mi oído, por la ventana de mi estancia, abierta a una caliente noche de verano, el plañir de una copla soñolienta, quebrada por los trémolos sombríos de las músicas magas de mi tierra. ...Y era el Amor, como una roja llama... -Nerviosa mano en la vibrante cuerda ponía un largo suspirar de oro, que se trocaba en surtidor de estrellas-. ...Y era la Muerte, al hombro la cuchilla, el paso largo, torva y esquelética. -Tal cuando yo era niño la soñaba-. Y en la guitarra, resonante y trémula, la brusca mano, al golpear, fingía el reposar de un ataúd en tierra. Y era un plañido solitario el soplo que el polvo barre y la ceniza avienta.

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El hablante está solo, absorto en su hastío y su tristeza, cuando por la ventana abierta a una noche calurosa de verano le llega el quejido de una copla. Ese cante hondo, con sus trémolos sombríos, transforma la habitación en un espacio visionario: primero aparece el Amor como una llama roja, encendido por la mano sobre la cuerda, que arranca un suspiro dorado convertido en estrellas. Después surge la Muerte, con la cuchilla al hombro, igual que la imaginaba de niño. El golpe de la guitarra imita el ruido de un ataúd al posarse en la tierra.

La música no consuela: intensifica la melancolía y une el deseo ardiente con la conciencia de lo efímero. Predomina un ambiente nocturno, íntimo y funeral, donde la belleza del cante nace precisamente de esa cercanía entre el amor y la muerte.

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