El hablante se dirige a la mujer amada en una noche que percibe como sagrada y funesta. El beso se transforma en una cruz: ella queda crucificada sobre los maderos curvos de esa boca, y el sufrimiento de ambos hace pensar en Jesús llorando y en un Viernes Santo más dulce. No se trata solo de erotismo; hay culpa, ternura y una cercanía extraña con la Muerte, que aparece cantando. El tono es íntimo y sombrío, con imágenes religiosas que elevan el amor a un sacrificio. Al final, el hablante imagina una muerte compartida: los dos juntos en una sepultura, dormidos como dos hermanitos, ya sin reproches ni ofensas. Predomina una mezcla de devoción, melancolía y consuelo: el amor se vuelve un destino común donde el descanso llega solo después de la caída y el dolor.
El poeta a su amada — Resumen
Amada, en esta noche tú te has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso; y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, y que hay un viernesanto mas dulce que ese beso.
En esta noche rara que tanto me has mirado, la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso. En esta noche de Setiembre se ha oficiado mi segunda caída y el mas humano beso.
Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos; se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura; y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.
Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos; ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.