El hablante, identificado con el propio Vallejo, anuncia con extraña serenidad que morirá en París bajo un aguacero, un jueves de otoño, y dice que ya guarda el recuerdo de ese día. Mientras escribe, siente dolor en los húmeros y una soledad absoluta, como si todo su camino lo hubiera conducido a verse solo. Luego habla de su muerte como algo ya ocurrido: “César Vallejo ha muerto”; todos le pegaban sin que él les hiciera nada, con un palo y con una soga. No hay ira, sino resignación y desamparo, un destino de víctima. La premonición íntima se mezcla con imágenes de maltrato colectivo; la lluvia, los jueves, los huesos, los caminos y la soledad quedan como testigos. El tono es sombrío y doliente, pero contenido: un autorretrato del sufrimiento y de la certeza de la propia muerte.
Piedra negra sobre una piedra blanca — Resumen
Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París -y no me corro- tal vez un jueves, como es hoy de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso estos versos, los húmeros me he puesto a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban todos sin que él les haga nada; le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos los días jueves y los huesos húmeros, la soledad, la lluvia, los caminos…