El hablante recuerda una noche de setiembre en que la persona amada fue tan buena con él que esa bondad llegó a dolerle. Reconoce que no debió recibirla así: se describe a sí mismo como hermético, tirano, enfermo y triste, y evoca el llanto de ella al verlo. La mención de los «ojos de Magdala» y de la «distancia de Dios» sugiere una mirada compasiva que, sin embargo, le devuelve su propia lejanía espiritual. El poema crea un clima íntimo y melancólico: hay ternura, pero también remordimiento. El cierre conecta aquel setiembre con un presente de diciembre, como si el dolor y las lágrimas de ahora hubieran sido sembrados entonces. Predomina la sensación de un amor marcado por la culpa y por una tristeza que el hablante no termina de explicarse.
Setiembre — Resumen
Aquella noche de Setiembre, fuiste tan buena para mí.... hasta dolerme! Yo no sé lo demás; y para eso, no debiste ser buena, no debiste.
Aquella noche sollozaste al verme hermético y tirano, enfermo y triste. Yo no sé lo demás.... y para eso, yo no sé porqué fuí triste.... tan triste....!
Sólo esa noche de Setiembre dulce, tuve a tus ojos de Magdala, toda la distancia de Dios.... y te fuí dulce!
Y también fué una tarde de Setiembre cuando sembré en tus brasas, desde un auto, los charcos de esta noche de Diciembre.