El hablante lanza una queja amorosa íntima: le cuesta un gran trabajo querer “como te quiero”, y ese lamento se repite al principio y al final, dándole ritmo de canción popular. El amor no duele solo en el corazón: le duele el aire, el cuerpo y hasta el sombrero; la imagen resulta casi infantil y absurda, y por eso dice mucho, porque el dolor lo invade todo, incluso lo cotidiano. Después aparece una pregunta extraña: quién le compraría el cintillo y esa tristeza de hilo blanco para hacer pañuelos. Es una forma indirecta de ofrecer la pena como mercancía humilde y de asociarla con el llanto. No se trata de un sufrimiento solemne: se dice con la boca de quien canta para aliviarse. El poema crea un ambiente de lamento leve, entre melancólico y burlón, donde el sufrimiento amoroso se canta con ternura y cierta ironía.
Es verdad — Resumen
¡Ay, qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!
Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero.
¿Quién me compraría a mí, este cintillo que tengo y esta tristeza de hilo blanco, para hacer pañuelos?
¡Ay, qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!