La «Rima I» de Bécquer presenta a un hablante que siente dentro de sí una especie de música o revelación inmensa, un “himno gigante y extraño” capaz de traer luz a la noche del alma. Quiere atrapar esa inspiración en palabras que fueran a la vez sensaciones: suspiros, risas, colores y notas. Pero el idioma le parece pequeño, rebelde y mezquino; no encuentra una cifra que encierre lo que intuye. De ahí nace una frustración melancólica: la poesía se le escapa justamente cuando intenta fijarla. El final cambia de tono y se vuelve íntimo. Solo imagina que, si tuviera las manos de la amada entre las suyas, podría cantarle ese himno al oído, en una comunicación amorosa que no depende de la escritura. El ambiente es nocturno, vago y anhelante, lleno de sombras y de un deseo de expresar lo inexpresable.
Rima I — Resumen
Yo sé un himno gigante y extraño Que anuncia en la noche del alma una aurora, Y estas páginas son de ese himno Cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirle, del hombre Domando el rebelde, mezquino idioma, Con palabras que fuesen á un tiempo Suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra Capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh hermosa! Si, teniendo en mis manos las tuyas, Pudiera, al oirlo, cantártelo á solas.