Rima LXXI — Resumen

No dormía; vagaba en ese limbo En que cambian de forma los objetos, Misteriosos espacios que separan La vigilia del sueño.

Las ideas, que en ronda silenciosa Daban vueltas en torno á mi cerebro, Poco á poco en su danza se movían Con un compás más lento.

De la luz que entra al alma por los ojos Los párpados velaban al reflejo, Mas otra luz el mundo de visiones Alumbraba por dentro.

En este punto resonó en mi oído Un rumor semejante al que en el templo Vaga confuso, al terminar los fieles Con un Amén sus rezos.

Y oí como una voz delgada y triste Que por mi nombre me llamó á lo lejos, Y sentí olor de cirios apagados, De humedad y de incienso.

Entró la noche, y del olvido en brazos Caí, cual piedra, en su profundo seno: Dormí, y al despertar exclamé: «¡Alguno Que yo quería ha muerto!»

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El hablante se halla en ese estado intermedio entre la vigilia y el sueño: los objetos pierden su forma habitual, las ideas giran cada vez más despacio y una luz interior sustituye a la luz que velan los párpados. De pronto irrumpe un rumor parecido al Amén que se apaga en una iglesia, una voz delgada y triste lo llama por su nombre a lo lejos, y lo envuelve un olor a cirios apagados, humedad e incienso.

La escena tiene un aire de velatorio y de anuncio: no se ve a nadie, pero todo suena y huele a muerte cercana. Luego la noche lo acoge, cae en el olvido como una piedra y duerme profundamente. Al despertar, exclama con dolorosa certeza: «¡Alguno que yo quería ha muerto!» La rima transmite el presentimiento de una pérdida íntima y la sensación de que, en duermevela, se abrió una puerta misteriosa hacia lo desconocido.

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«Rima LXXI» — resumen del poema Gustavo Adolfo Bécquer | Poemship