En estos versos, Bécquer contempla unos ojos azules y los convierte en espejo de emociones. No describe simplemente su color: asocia cada estado de ánimo con una imagen luminosa. Si la persona ríe, esa claridad recuerda el temblor de la mañana sobre el mar; si llora, las lágrimas parecen rocío sobre una violeta; si una idea enciende su fondo, el hablante cree ver una estrella perdida en el cielo del atardecer. El tono es íntimo y asombrado: quien habla no solo observa, sino que transforma lo que ve en algo frágil y valioso. La repetición de “Tu pupila es azul” crea una cadencia suave, casi de confesión. Predomina una melancolía serena, una admiración delicada hacia esa mirada que reúne mar, flor y cielo.
Rima XIII — Resumen
Tu pupila es azul, y cuando ríes, Su claridad suave me recuerda El trémulo fulgor de la mañana Que en el mar se refleja.
Tu pupila es azul, y cuando lloras, Las trasparentes lágrimas en ella Se me figuran gotas de rocío Sobre una violeta.
Tu pupila es azul, y si en su fondo Como un punto de luz radia una idea, Me parece en el cielo de la tarde ¡Una perdida estrella!