En estos versos, Bécquer se dirige a alguien con una advertencia íntima: si alguna vez sientes que un aire invisible y ardiente te quema los labios, recuerda que existe otra forma de contacto. No se habla de un beso físico, sino de la intensidad con que una mirada puede acercarse, tocar y desear. Los ojos se convierten en la boca del alma: dicen lo que los labios callan y besan sin rozar la piel. La imagen de los labios rojos y la atmósfera abrasada crea una sensación de calor contenido, de deseo que no se expresa con palabras. El hablante no se queja ni suplica; afirma, con una certeza serena, que el alma puede besar con la mirada. El tono es confidencial, casi susurrado, y deja una impresión de cercanía y anhelo contenido. Así, la mirada se vuelve un gesto tan íntimo como el beso.
Rima XX — Resumen
Sabe, si alguna vez tus labios rojos Quema invisible atmósfera abrasada, Que el alma que hablar puede con los ojos, También puede besar con la mirada.