Rima XXIX — Resumen

Sobre la falda tenía El libro abierto; En mi mejilla tocaban Sus rizos negros; No veíamos las letras Ninguno, creo; Mas guardábamos ambos Hondo silencio. ¿Cuanto duró? Ni aun entonces Pude saberlo; Sólo sé que no se oía Más que el aliento, Que apresurado escapaba Del labio seco. Sólo sé que nos volvimos Los dos á un tiempo, Y nuestros ojos se hallaron, Y sonó un beso. Creación de Dante era el libro, Era su Infierno. Cuando á él bajamos los ojos, Yo dije trémulo: ¿Comprendes ya que un poema Cabe en un verso? Y ella respondió encendida: —¡Ya lo comprendo!

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La escena es mínima: dos jóvenes comparten un libro abierto, pero no leen. Ella lo sostiene en la falda; los rizos negros de ella tocan la mejilla del que habla. Ambos guardan un silencio hondo. El tiempo se suspende: solo se oye el aliento apresurado que escapa del labio seco. De pronto, los dos se vuelven a un tiempo, sus ojos se encuentran y suena un beso. El libro era el Infierno de Dante. Entonces él pregunta, trémulo, si ya comprende que un poema cabe en un verso, y ella responde encendida: “¡Ya lo comprendo!”.

El poema crea un clima íntimo, tenso y tierno. No describe un gran episodio, sino un instante de cercanía en que el deseo y el pudor se contienen. El silencio y la respiración expresan lo que las palabras no dicen. El beso final concentra ese momento, como un solo verso puede encerrar un poema entero.

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