En esta rima, una voz íntima se dirige a un tú con quien ha vivido una ruptura o un desencuentro. Reconoce que todo parece reducirse a una cuestión de palabras, pero que, aun así, ninguno de los dos aceptará jamás la culpa. El hablante no acusa con dureza; más bien lamenta la falta de un criterio claro para separar el orgullo de la dignidad. Esa imposibilidad de distinguir entre una reacción caprichosa y una postura justa mantiene a los amantes atrapados en el silencio y en el resentimiento. El tono es melancólico y ligeramente irónico, como quien suspira por una claridad que sabe inalcanzable. El resultado es un clima de amor herido, donde lo que no se dice pesa más que lo que se pronuncia. El uso del tú hace sentir el desacuerdo como un diálogo roto.
Rima XXXIII — Resumen
Es cuestión de palabras, y no obstante Ni tú ni yo jamás, Después de lo pasado, convendremos En quién la culpa está.
¡Lástima que el amor un diccionario No tenga donde hallar Cuándo el orgullo es simplemente orgullo, Y cuándo es dignidad!