Una voz compara dos realidades físicas con el destino del amor. Los suspiros, al ser aire, regresan al aire; las lágrimas, al ser agua, vuelven al mar. Todo parece tener un lugar natural al que retornar. Sin embargo, el hablante se dirige a una mujer y le pregunta qué ocurre cuando el amor se olvida: ¿adónde va? No hay respuesta. Esa falta de respuesta es justamente el centro de estos versos. El tono es íntimo y dolido; no grita ni acusa, sino que se queda en una perplejidad serena. Se siente la extrañeza de que algo tan intenso como el amor pueda desaparecer sin dejar rastro, sin un destino como el aire o el mar. La pregunta queda flotando, y con ella la sensación de vacío y de pérdida.
Rima XXXVIII — Resumen
Los suspiros son aire, y van al aire. Las lágrimas son agua, y van al mar. Díme, mujer: cuando el amor se olvida, ¿Sabes tú adónde va?