Venus — Resumen

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín. En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía, como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía, que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín, o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría, triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

«¡Oh, reina rubia!—díjele,—mi alma quiere dejar su crisálida y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar; y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar.» El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida. Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.

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En la calma de la noche, un hombre baja al jardín buscando alivio para sus nostalgias. Allí observa a Venus brillando en el cielo oscuro y la imagina como un jazmín dorado incrustado en ébano. La imagen se transforma: el planeta ya no es solo un astro, sino una reina oriental que espera a su amante o avanza en un palanquín. El hablante le habla directamente y le confiesa su deseo de abandonar su cuerpo, su crisálida, para volar hasta ella, besar sus labios de fuego y quedar envuelto en su luz.

El tono es íntimo y exaltado, pero también melancólico. Frente a ese impulso idealista, la noche refresca el aire y Venus responde con una mirada triste desde el abismo. La escena deja la sensación de un anhelo amoroso intenso y de una distancia imposible de salvar.

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