El hablante persigue una forma que no logra plasmar: una idea, una belleza o una palabra perfecta que se le anuncia apenas, como un beso, pero se niega a entregarse, como el abrazo imposible de la Venus de Milo. Siente que la visión de la diosa le ha sido prometida, que la luz ya reposa en su alma, y aun así no encuentra lo que busca. Solo le quedan fragmentos: la palabra que huye, una melodía que apenas fluye de la flauta, un sueño a la deriva. El poema crea una atmósfera contemplativa y melancólica, llena de palmas, fuentes, cisnes y figuras dormidas. La fuente solloza y el cisne interroga, como si la naturaleza compartiera su anhelo insatisfecho. Es la frustración de quien intuye la belleza plena pero solo puede rodearla.
Yo persigo una forma — Resumen
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, botón de pensamiento que busca ser la rosa; se anuncia con un beso que en mis labios se posa al abrazo imposible de la Venus de Milo.
Adornan verdes palmas el blanco peristilo; los astros me han predicho la visión de la Diosa; y en mi alma reposa la luz como reposa el ave de la luna sobre un lago tranquilo.
Y no hallo sino la palabra que huye, la iniciación melódica que de la flauta fluye y la barca del sueño que en el espacio boga;
y bajo la ventana de mi Bella Durmiente, el sollozo continuo del chorro de la fuente y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.