La voz poética describe un patrón amoroso lleno de contradicciones: busca a quien la rechaza y rechaza a quien la busca; adora a quien la maltrata y maltrata a quien la adora. En los cuartetos, las oposiciones se encadenan como un espejo: encuentra frialdad donde ofrece amor y se vuelve fría ante quien le ofrece amor. El poema crea un clima de tensión lúcida y amarga, casi de confesión orgullosa. En los tercetos aparece el dilema: si corresponde a quien la quiere, su deseo sufre; si ruega a quien no la quiere, hiere su dignidad. La decisión final es reveladora: prefiere ser el “violento empleo” de alguien a quien no desea antes que convertirse en “vil despojo” de quien no la desea. Es decir, elige el control y la frialdad propia antes que la humillación del rechazo. El tono es desafiante, pero también desolado.
Al que ingrato me deja, busco amante — Resumen
Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrata; constante adoro a quien mi amor maltrata, maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante, y soy diamante al que de amor me trata, triunfante quiero ver al que me mata y mato al que me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo; si ruego a aquél, mi pundonor enojo; de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo, por mejor partido, escojo; de quien no quiero, ser violento empleo; que, de quien no me quiere, vil despojo.