Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas: bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...
Para decirte, amor, que te deseo,
Sin los rubores falsos, del instinto,
Estuve atada como Prometeo,
Pero una tarde me salí del cinto.
Son veinte siglos que movió mi mano
Para poder decirte sin rubores:
"Que la luz edifique mis amores".
Son veinte siglos los que alzó mi mano!
Pasan las flechas sobre mis cabellos,
Pasan las flechas, aguzados dardos...
Son veinte siglos de terribles fardos!
Sentí su peso al libertarme de ellos.
Y no creas que tenga el brazo fuerte,
Mi brazo tiembla debilucho y magro,
Pero he llegado entera hasta el milagro:
Estoy acompañada por la muerte.